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El verdadero sabor de las uvas

Victoria era el producto típico de una tierra con los mejores vinos sudamericanos. Nacida en la región cuyana se dedicaba con orgullo a la venta por internet de bebidas allí elaboradas. Tenía 35 años, diez menos que yo.
No suelo beber seguido, pero me gusta el vino fino añejado en roble. Y ella, en su treintañera pureza, resultaba como una fina bebida cuidada en toneles con sensiblería de máxima calidad, pero dejaré su descripción para más adelante.
La conocí consecuencia de una consulta, internet permuta una distancia de mil kilómetros en pocos centímetros de pantalla. Un intercambio de correos electrónicos de interesante descripción comercial en respuesta a mis preguntas me permitió degustar una dulzura anticipada. Mi interés crecía –no en los productos, más bien por ella- y tal vez ocultaba yo una pronta curiosidad por conocer el verdadero sabor de las uvas. Seguramente por eso me nació la impetuosa propuesta, cansado yo mismo de tantas preguntas para prolongar la comunicación.
-Ganaríamos tiempo si chateáramos ¿no te parece?, escribí sin mucha esperanza una tarde, mentalmente preparado a no insistir luego de su probable negativa.
No respondió de inmediato, flotaba en el éter digital un algo de ruptura protocolar inquietante. Pero luego de un par de días, al abrir mi correo me atropelló los ojos la clásica invitación: “Victoria quiere tenerte en su lista de contactos…”

Ella llegó hasta estas sábanas desde una tierra hacedora de vinos de toda la vida. Y sabe que gracias a la perfecta trilogía de sabor, color y aromas las vides de la piel desarrollan sus mejores calidades, lo sabe y me ofrece su copa, llena de taninos y frutos inesperados.
Es que esa uva cosechada en su punto justo de madurez, aporta condimentos que evolucionarán en el tiempo hacia recuerdos suaves y untuosos.

Hubo onda, complicidad, química fermentada noche tras noche de charla virtual. Victoria tenía en su expresión vestigios claros de una pureza milenaria, maneras de escribir que hacían imposible el mínimo clima de discordia, virtud que luego se trasladaría a lo cotidiano, jamás tuvimos una discusión, con ella era imposible lidiar.
Nuestros intercambios chateros eran afectivos al máximo, pero nunca me dio pie como para levantar el tono de la comunicación llevándolo a lo íntimo. A pesar de ello presentía una mujer con interior muy pasional aunque sin filosofías ni prácticas liberales; era evidentemente el tipo femenino que solo se entrega por amor.
Afuera ocurría el otoño ya avanzado. Ella era mi café, mi bebida espirituosa. Su calidez nacida en la tierra del sol se imponía dentro del pequeño altillo en el que tenía mis noches, mis libros, mi música, mi computadora.
Naturalmente hablábamos de vinos, de cosechas. Y los extensos viñedos comenzaban a tomar forma sobre mi pequeña mesa, líneas paralelas de racimos colgantes proyectándose en rara perspectiva contra la pared, sobre un terruño sin humedad y un cielo de atemporal celeste. Magia milenaria que sin aditivos químicos contiene aromas y sabores de maderas, frutos, hierbas según el suelo donde cada uva es criada. Eso me fascinaba.
Consecuencia lógica de tanto vino imaginado: le pedí su foto.

Una crianza de quince años bajo sol cuyano sumados a dos décadas de reposada madurez son los fundamentos de la rústica sensualidad característica de esta mujer que, ante mis ojos, pasea sus pechos de uva por la alfombra de la habitación.
Irradia su cuerpo un desnudo púrpura con matices rubí. Y su piel me acerca aromas de frutas negras, añejadas desde sus ancestros femeninos con un toque elegante de canela que me ha dejado un final de boca prolongado luego del amor.

Recibí como respuesta una franca artimaña femenina. Mandó foto, si, pero ella aparecía lejana, con imagen de rostro indefinido. Aún así pude apreciar un delgado cuerpo y un pelo como si de él surgieran en cascada todas las noches del mundo. Pese a todo jamás le pedí me permitiera verla por cámara, eso debía surgir de ella… pero nunca surgió. Si algún día nos encontrábamos en persona la primera sensación gestaría euforia o decepción. Valía la pena el desafío que me proponía aquella mujer de rostro anónimo.
¿Cuál era el momento justo para pedirle un encuentro? Yo no dudaba, era evidente que Victoria tenía interés en mí, pero una propuesta apresurada podía arruinar todo. Ese instinto ajustado a mi ser masculino me alertaba: un paso mal dado frecuentemente le roba a la mujer ese halo de magia que necesita.
Dejé que las noches deriven como vino tinto hacia la copa. Y sin quererlo ni tramarlo hice algo simple que despertó encantamiento. Tuve un pequeño gesto, algo que yo creía común dentro de las actitudes masculinas, que sin embargo desencadenaría -sin proponerlo- lo deseado, la posibilidad de un encuentro.
No sabía lo que obraría en su esencia de mujer soñadora cuando con gentil naturalidad le mandé la imagen de una flor.

Este cuerpo entre mis manos es de piel dura, como la de la uva que produce vinos aromáticos, sabrosos. Las emanaciones provenientes de esa piel han permitido al resultado vino madurar durante cierto tiempo, logrando excelencia al pasar por soles y lunas, para dejar ahora en mi paladar un bouquet de perfecta realización.
En ciertos vinos la mezcla de cepas resulta la solución habitual para aligerar su rudeza, esa que otorga el carácter severo durante su juventud. Y sin dejar de ser joven el aporte de una uva distinta deja una bebida suave a lo gustativo.
No sé que mezcla ha producido la naturaleza en el cuerpo de esta mujer, pero sus colores y sus perfumes de frutos con notas de vainilla y canela desequilibra la regulación de agua en mi organismo y me obliga a beberla toda.

Victoria provenía de una familia muy católica, creyente al máximo de aquello llamado “milagro”. Y acostumbraba a realizar promesas ante su dios, a quien le rezaba permanentemente pidiéndole cosas.
La imagen que le había mandado junto a un texto romántico tenía un color y formas un tanto diferente de las convencionales. Ni sabía yo que tipo de flor era, simplemente me gustó, la sentí para ella -y eso que sentí resultó estar en sintonía con algo que ella esperaba religiosamente, cosa de lo que yo no tenía la mas mínima idea-.
Con ingenua pureza me relató en un correo muy emocionado y vital su fuerte emoción al recibir mi regalo. Tuvo suerte ya que no soy hombre de aprovecharse de las esperanzas ajenas: en su simpleza de mujer alejada de las calamidades de las grandes ciudades, ella había pedido en sus ruegos una señal del hombre que la amaría con respeto, esa señal debía tener la forma y color de una flor no muy común, casual o causalmente la que yo le había enviado.

A la vista presenta tornasoles con finos rayos de luna en sus bordes; en nariz entrega aromas jóvenes y en boca una dulce acritud de larga resolución.
La mística que envuelve su presencia emana del lugar del que proviene. Ella pertenece a otro universo de mujer, diferente en todo a la habitante de las metrópolis.
Puedo apreciar intacto al inmenso Cuyo Argentino -región de contrastantes bellezas- en esta piel suya donde la creación ha dejado sus últimas huellas.

Apenas soy el dueño de una verdad chiquita, la mía. Me muevo como puedo por este mundo lleno de acontecimientos insólitos, pero si una virtud me acompañó en esa etapa de mi vida, era la que alentaba a entregarme sin mucha vuelta a toda inesperada situación que se presentara gratamente; si el viento empujaba allá iba, por algo empujaba.
Inmediatamente le comenté el interés que tenía en ella, me ofrecí a intentar una hermosa historia ya que el universo parecía acomodarse a favor nuestro. Y sin pausa le di mi parecer sobre aquella señal, le dije que quizás la direccionaba hacia algo de valor, pero no necesariamente definitivo.
Surgió desde esas charlas que se dieron sucesivamente y con mayor asiduidad, una serie de confesiones sobre su vida familiar -un ambiente hostil como el de su tierra- y sobre sus sentimientos íntimos. Como era de esperar ella pasaba por ese momento de vida en el que la necesidad de ser madre y formar una familia la empujaba con fuerza de alud.
Confieso que impulsado por el fuerte deseo de encontrarme con ella tuve la tentación de prometerle cualquier cosa, pero no lo hice, no es acorde a mi naturaleza esa clase de engaño cretino. Y me jugué diciéndole que veía muy difícil un proyecto así conmigo debido a ciertas cuestiones muy personales –se las conté pero decido ocultarlas en este relato-. Además le pedí adultez mutua para comprender que primero deberíamos conocernos y pasar unos días juntos antes de cualquier impulso apresurado. Pero que yo no prometía nada.
Mi gesto la sensibilizó aún más justo cuando yo calculaba que todo se desmoronaba. Y a partir de ese momento la charla tornó muy pasional, a tal punto que quedamos en encontrarnos y no solo eso, la esperaría yo dentro de la habitación del hotel convenido: si nos gustábamos nos quedaríamos tres días para entregarnos y conocernos. De no ser así, tomaría yo otra habitación y avanzaríamos más lentamente.
Esta segunda opción no hizo falta.

Sobre mi cuerpo ella sabe equilibrarse. Con piernas raíces a mis costados metidas en el fango de un río de aguas tornasoladas cuyos límites se pierden en la resonancia de la tarde.
Sé que esto es pasajero, ella también lo sabe. Y por eso bebemos el vino del ardor con deleite de catadores expertos. Es que aquí dentro el tiempo se rige por normas rebeldes: es posible ir hasta el fondo abisal de los mares y volver en pocos segundos; y un destello en su pelo arracimado puede durarme en la copa toda una vida.

Tirado en la cama de la habitación miraba el techo, alucinaba viendo viñedos estampados contra el cielo blanco. Habíamos planeado el itinerario cuidadosamente: nos encontraríamos en la ciudad de Buenos Aires -soy nacido porteño pero en esos días vivía en el interior- y buscaríamos los horarios de micros de manera tal que llegara antes que ella, para esperarla en la habitación como habíamos quedado.
Llegué muy temprano, de madrugada y casi no pude dormir hasta la hora en la que ella arribaría. Me duché y cambié de ropa un par de veces, torpezas de una coquetería que solemos a veces tener los hombres.
Llegada la hora, sentado en la cama me preguntaba si se habría arrepentido. De pronto suena el interno, atiendo y el conserje me dice:
-Señor, su compañera está subiendo.
La habitación tenía la puerta de entrada en un sector no recto y escondido a la vista desde la cama. Según lo establecido mutuamente ella entraría sin llamar, pero tardaba, ya debería haber entrado decía yo en voz baja. Más tarde me confesó que temblaba frente a la puerta, que había tomado el picaporte varias veces sin atreverse a abrirla. Pero finalmente lo hizo.
La vi entrar de perfil. Apareció ella con su delgadez bien formada, sus dos brazos cargados de bolsos y su pelo infinito tapándole la cara. Se agachó para dejar su carga, siempre de perfil a mí se irguió corriéndose el pelo hacia atrás, giró su cuerpo y me miró. ¡Al fin veía su rostro! Su piel clara se coronaba con una melena que ya describí pero que ahora, de cerca, comprobaba que se trataba de un auténtico racimo de uvas al sol. Sonrisa de blanco perenne, ojos negros, finos labios carmín y una curvada delgadez de libélula serrana. Un rostro en general no muy típico, de rasgos bastante personales sin ajustarse a un patrón de belleza o fealdad. Era ella misma y me gustó.
Se quedó inmovilizada por un segundo hasta que le abrí los brazos, -vení preciosa, vení urgente- y corrió esos pocos pasos hacia mí y la temperatura del encuentro fue tan alta que no deben haber pasado más de cinco minutos sin estar unidos, tal vez menos, lo que se tarda en arrancar las ropas con frenesí.

Si el vino es bueno permite sabores terciarios, es decir un primer sabor repentino, otro que viene de rebote y un tercero definitivo. Su descubrimiento es el premio a la paciencia en la degustación. Y esta mujer es así, tal cual.
Ella tiene sabores que vienen luego de los primeros tragos. Los flujos de su boca y de su sexo derivan en fina burbuja, alegría del paladar, fiesta de la vida.
Sin dudas ella procede de todas las riquezas de una gran cosecha.

El cuerpo habla, a través de sus poros, desde sus colores y temperaturas. Habla en un idioma universal, en una sola lengua comprendida desde la no palabra.
Quitarle valor a cada verso que el cuerpo recita reduciendo la belleza de su palabra, es robarle el alma. Ese lenguaje es la esencia misma del cuerpo, que nos permite distinguir la vida de la muerte, nada menos.
El lenguaje corporal de Victoria era idéntico al de su palabra oral, sin rugosidades ni aristas.
Es habitual en la mujer una participación amatoria pasiva, deja hacer permitiendo que el ritmo sea llevado por el hombre, al menos así me ha pasado generalmente salvo cuando he pedido algo en particular. El hombre besa, palpa, toca, lame, recorre todos sus rincones, esa era la ley que yo conocía y respetaba; hasta ese día no sabía yo lo que era ser recorrido por completo, lamido, tocado. Victoria llenó ese vacío con el agregado de algo similar al amor, no lo hacía con furia pasional o de hembra en celo, no, lo hacía con candidez, como atendiendo algo valioso.
-¡Cuánto te deseo!, me dijo una sola eterna vez ya de trasnoche, casi entre sueños.

Conocer su orografía, contemplar la labor de los cultivos y la siembra, dominar una tierra desértica expuesta a los rigores de la escasez de lluvia da por consecuencia precisa la mejor cosecha.
No hablo del vino, hablo de ella.
He celebrado en el reducido espacio de esta habitación los relieves de su cuerpo y de su alma. He contemplado el resultado de la siembra que sobre su espíritu hizo desde los primeros días de su vida bajo el clima hostil de una tierra sin lluvias, logrando por cosecha una personalidad luminosa y un cuerpo delicioso.

Tuvimos tres días intensos, bares, conciertos, librerías, disquerías… no todo fue sexo, obvio, además mucho diálogo. Recuerdo una cálida velada de tanguería, café de por medio, penumbra, una mesa pequeña junto a la ventana y un dúo haciendo versiones tangueras melodiosas y sensuales en saxo y guitarra. La noche fue rematada en la habitación con el disfrute de un vino que había traído desde su terruño especialmente para disfrutarlo conmigo.
Tres meses luego, con un lógico intermedio de chateo y muchos llamados telefónicos a su trabajo y a su casa, repetimos el encuentro. Naturalmente no hubo la pasión de la primera vez, pero se gestaron pequeñas maravillas íntimas y paseos renovados.
En el último momento de esa segunda vez, antes de abandonar la habitación para dirigirnos a la terminal de micros dispuestos a viajar cada uno en su retorno, nos paramos frente a la ventana que revelaba techos desgreñados y una ciudad abrumadora. No se me había pasado por la mente la sensación de que esa sería la última vez que mi brazo rodeara su cintura. Ella quería continuar con la relación, estaba en la etapa llamada enamoramiento. Sin embargo, luego de un largo silencio contemplativo me mira y me susurra:
-Algo me dice que no volveremos a vernos.
¿Si yo la quise? Claro que si, además me encargué de que lo sepa al despedirnos. Pero su intuición se hizo realidad, no volvimos a encontrarnos. No hubo nada oculto detrás del distanciamiento definitivo, se dio como se da lo natural.
Mi sed y su entrega fueron el resultado de una amalgama perfecta. Y la armonía resultante de esas dos variedades del espíritu dejó sobre mi pecho una invalorable sensación de juventud recuperada...

Una noche -navegando la web- me encontré con esta versión del tango "Como dos extraños" interpretado por Carlos Acosta y Andrés Lima, quizás eran el dúo de aquella tanguería, pero eso no importa.

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100 comentarios:

  1. Una muy bella entrada, en que has sabido casar esa emoción que se siente cuando uno siente atracción por alguien y el arte de realizar un buen vino .
    Un fuerte abrazo.

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    1. Gracias Ilesin y bienvenida a este lugar, abrazo para vos.

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  2. Que buena estrategia la del vino me parece genial una muy bonita historia, gracias por tu visita.

    Un gran abrazo feliz domingo me alegra que vuelvas a escribir.

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    1. Gladys, me gustó tu visión de mi texto al aplicar la palabra "estrategia", gracias por tu observación y que sigas bien.

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  3. Navegante..." El verdadero sabor de las uvas "

    Me atraparon tus enamoradizas letras, me he quedado en el lugar de ella, seguir sin amor, de que le a valido un sueño... me moriría de pena.

    ¡¡¡ romántico relato !!!

    un beso

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    1. Dolly amiga, tan sensible siempre vos, no te identifiques tanto con los demás. Nunca sabemos que es bueno y que malo para uno, las cosas ocurren y creo que tanto ella como yo quedamos bien, sabiendo que lo vivido fue positivo.
      Un besito para vos.

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  4. Hola navegante, muy agradecida por tu comentario, quiero descubrir más tu blog, me quedo un ratito entre tus entradas.

    Saludos.

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    1. Ponete comoda María, lee lo que quieras y si queres comentá nomas, saludos.

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    2. Paso de nuevo por tu blog, aunque veo que no has escrito nada nuevo, pero te agradezco que hayas visitado el mío y agradecida por tu comentario, estaré pendiente, pues, por si publicas algo nuevo.

      Un beso.

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    3. María, gracias por volver, podes leer algo de lo anterior también, son textos muy elaborados y extensos los mios, por eso publico alguno de vez en cuando, saludos.

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  5. Gracias por tu paso en mi sitio y dejar las huellas suficientes para llegar al tuyo...
    Es muy bonita tu manera de escribir al amor y las pasión que pasó por tu piel y dejó impregnado tantos recuerdos.
    Me quedo para seguirte, te dejo un fuerte abrazo desde Uruguay!
    Buen fin de semana!

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    1. Mi paso por tu sitio fue obligatorio porque es muy bello, vos también dejastes huellas para que los que navegamos lleguemos hasta allí.
      Gracias por venir y un saludo desde este lado de la orilla.

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  6. Amor y pasión juntos es natural, saber expresar los sentimientos es más difícil, enzarzar los párrafos casi un misterio, porque es difícil ser así en el mundo que vivimos, eso sí, pera escribir así de bien, es necesario salir de este mundo, y sumergirse en el nuestro, siempre echo a nuestra medida. Hermosa entrada. Un abrazo.

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    1. Bueno Lola, que puedo decir ante semejante elogio... gracias, tu comentario me llegó muy contundentemente y más bien que de manera positiva.
      Un beso grandote.

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  7. Navegante, qué grata sorpresa, me encantó leerte. Me quedan archivos antiguos todavía, pero seguro estaré compartiendo estas aguas de tan buena lectura. Esta bruja de escoba ha vivido alguna historia muy parecida, por esta cosa rara que producen las letras a la distancia, en algún momento compartiré por aaquello de que "recordar es vivir dos veces"... Un abrazo desde Uruguay, un poquito más arriba que Cristina.

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    1. Bienvenida Locaporlaluna, también yo amo la luna, alguna vez le he dedicado una entrada, ojalá algún día la leas.
      Es asi, cosas misteriosas ocasionan las letras a la distancia... y ¡vivan los recuerdos!
      Besos desde esta otra orilla.

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  8. Escribes tan bien como amas. Amar es el verbo más bello que existe a la vez que necesario para el Alma.

    Un placer pasar y saludarte. Gracias por tu visita, así he podido llegar a tu rinconcito.

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    1. Tu pequeño comentario es una verdadera joyita, tengo mucha suerte al recibir visitas como la tuya.
      El placer ha sido mío, tu rincón es una delicia, por eso pasé por allí.

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  9. Me cautivó tu relato, Navegante del Alma, que bella manera de relatar sensaciones tan especiales y únicas.
    Hermoso homenaje para ese intenso pero fugaz amor.Lo único que no me gustó fue el final; faltó un encuentro definitivo... por qué nooo?!.
    Hacía mucho que no te leía, valió la pena llegar hasta aquí.
    Mis cariños y admiración, poeta.

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    1. Rayén, un gran escritor de letras de tango, Enrique Cadícamo, dijo una vez que el mejor momento para cortar una relación es cuando se alcanzó la cumbre, porque luego viene el declive.
      Alcanzamos la cumbre durante esos dos encuentros, para que un tercero?.
      De todas maneras es como se dio e igual respeto tus sensaciones, todas son válidas, solo me queda agradecer tu presencia, siempre femenina, siempre grata.
      Besos.

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  10. Mi querido amigo Navegante, un bellisimo relato, el vino y la mujer la verdad es que no se cual es mejor,.... ambos sabores exquisitos y sensuales, tus letras así lo afirman, el amor, la vida y el placer de vivir; expresado en cada instante,....

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    1. Janeth, amiga, la mujer es infinitamente mejor. El vino en este caso fue solo la excusa metafórica para escribir este texto. Puedo vivir sin vino, no tengo el vicio, en cambio no imagino la vida sin mujer.
      Gracias por venir, en este momento sos mi visitante mas antigua desde el 1 de enero de 2009 fecha en que inicié este sitio..
      Un beso agradecido.

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  11. que bien escribes!!!!!!!!!!!!!!
    Ha sido un placer volverte a ver

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    1. Hola amiga, gracias por volver. Te dejo un gran abrazo.

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  12. HOLA
    HE VENIDO A CONOCERTE CON RETRASO PORQUE TENGO TANTOS BLOGS QUE HASTA QUE LLEGO A LOS VISITANTES ES MEDIO TARDE PERO BIEN VALE LA PENA.
    GRACIAS POR VISITARME EN GALATEA, POR QUEDARTE COMO SEGUIDOR, YO TAMBIÉN ME HE ANOTADO.
    NOS SEGUIMOS LEYENDO.
    UN BESO

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    1. Hola Luján, tener muchos blogs suele ser un inconveniente para la buena comunicación, de todas maneras te agradezco la visita, ojalá algún dia te quedes a leer un poquito así conoces mejor a quien visitas.
      Un saludo.

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  13. Que bella historia, una historia de las que marcan, de las que surgen de donde menos lo esperas. Saludos!!

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    1. María José, gracias por leer, en tu corto comentario se nota que la leíste y no viniste solo por compromiso.
      Te dejo un beso agradecido.

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  14. Escribes muy bonito, y describes muy bien.

    Es una pena que las relaciones siempre sean efímeras... Pero parece ley de vida.

    Un beso.

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    1. Mara, gracias por dejar tu huella. No siempre las relaciones son efímeras, algunos privilegiados hay, pero si lo son la mayoría, al menos lo que a mi me ha pasado.
      Un beso para vos.

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  15. He degustado tu historia. Y eso que también estoy alejada del bloguerío. Me pasó que no pude quitarle los ojos hasta el final. Y eso que lo intuía. Será que tu forma de llevarlo es lo que quise paladear.
    Muy logrado.
    Saludos.

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    1. Diana, gracias!! Se que mis historias son largas, pero fueron escritas a la espera de lectores como vos.
      Volvé siempre, saludos.

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  16. Gracias por tu visita y comentario en mi blog.
    Navegas entre esa otra piel y vida vivida.
    Cordial saludo

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    1. Adoyma, visitar a los amigos es natural, yo agradezco tu visita, saludos para vos.

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  17. Pero que estilo tan bello el tuyo, todo un deleite leerte, tus letras atrapan de principio a final.
    Gracias por tus palabras en mi espacio.
    Un abrazo.

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    1. Bienvenida Betty, y muchas gracias por tus halagos. Visitarte fue un placer, tu sitio es muy bello, abrazo para vos.

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  18. Hola paso a saludarte, y darte las gracias por tus lindas palabras en mi humilde espacio, espero vuelvas a escribir pronto sera un placer leerte.

    Besos y cariños que tengas una linda semana amigo del alma.

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    1. Gladys, no es necesario agradecer aquí mi paso por tu sitio, las visitas es lo que habitualmente hacen los amigos. Por mi parte te invito a leer algo de lo otro que escribí, cuando gustes.
      Besos para vos.

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  19. En primer lugar, o mejor en segundo, ya que lo primero es agradecerte tu paso y fonda en mi isla,digo, lo segundo es confesarte que tras beber estas letras de un tirón,donde narras el nacimiento,crecimiento y muerte de una relación de manera que pareces estar saboreando,paladeando un buen vino,y por supuesto,antes de leer los comentarios referentes al texto...
    Sabía que serían predominantemente femeninos,ja,ja,ja
    Yo soy así,sincera e incorregible,sencillamente tenía que comentarlo.
    He tenido razón y es que a las mujeres nos encanta ese licor del romanticismo,con connotaciones sensuales e incluso subidas de tono,esa amalgama de sensaciones que surge entre dos cuando son uno.
    Y bueno...si además está escrito así de bien,pues nos quedamos pegadas,ya ves.
    :)
    Un beso.

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    1. Marinel, los análisis como el tuyo me encantan, porque se ve el compromiso con la lectura. Nadie está obligado a leer, por eso me gusta que comenten solo los que leen de verdad.
      El porcentaje de mujeres que comentan en mi sitio es abrumadoramente mayor que el de hombres, nunca supe muy bien el porque. Pero vos me diste algunas pistas que aprovecharé para saborear mejor ese mundo femenino que realmente disfruto.
      Es un placer grande tenerte por aquí, no te pierdas.
      Un beso agradecido.

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  20. Hola, me gusto tu blog esta muy interesante, desde ahora te sigo y me llevo tu url
    saludos

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  21. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    1. Laura, un lujo tu comentario, volvé siempre.
      Un abrazo para vos muy agradecido.

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  22. El adiós siempre es perfecto y cruel a la vez.Una sincronía entre la delicia y la hiel.
    Cariñusssssss!!!!!

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    1. Fantástico tu comentario... La misma.
      Espero verte seguido, cariños para vos.

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  23. Una analogía perfecta, contada con una pluma fantástica que mucho entiende de vinos y de mujeres.
    Una historia apasionante con un final, que solo un catador tan experto puede terminar así, pues le gusta seguir bebiendo diferentes elixires.
    Desde luego, fue un placer leer tan buenas letras.
    Un saludo

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    1. Elda, mucho agradezco tus conceptos, pero no soy tan entendido. Lo del vino es un juego y entender a la mujer es todo un desafío, creo estar un poquito mas cerca de eso con el paso del tiempo, pero por suerte se trata de un enigma que es bello en su estado.
      Gracias por tu visita.

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  24. es genial como escribis
    es un honor tenerte conmigo

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  25. Navegante...he vuelto a pasar por aqui, para saborear otra fruta...espero en otra visita encontrarlaaaa besosss

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    1. Doris amiga, esas frutas deben madurar y eso lleva tiempo. Besito para vos.

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  26. Paso a saludarte y darte las gracias por tu visita, un honor para mi que te detengas un tiempito para leer algo de mis antiguas publicaciones.
    Abrazos y feliz semana.

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  27. Paso a saludarte y darte las gracias por tu visita, un honor para mi que te detengas un tiempito para leer algo de mis antiguas publicaciones.
    Abrazos y feliz semana.

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    1. Betty, es todo un gusto detenerme en tu sitio a leer varios de tus escritos.
      Abrazos para vos y feliz vida.

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  28. Me ha encantado leerte.......gracias por pasar y dejar tus gentiles palabras en mi blog......fue muy agradable llegar hasta aquí........Un besito y maravillosa semana...

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    1. Camelia, que lindo verte por acá, gracias por tu comentario y un besito para vos.

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  29. Excelente escrito, mucho talento tienes

    paz

    isaac

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    1. Isaac amigo, bienvenido. Y muy agradecido por tu elogio, no te pierdas.

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  30. Hola Navegante, paso a saludarte después de mis vacaciones y me encuentro con tu entrada magnífica, es una superación cada vez que te leo. Un abrazo.

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    1. Lola, es siempre un lujo tu visita, abrazo para vos.

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  31. Hola Navegante! Paso a saludarte y a agradecer tu comentario por mi blog y encuentro este poema hecho relato! Bella la idea de catar el amor! Besos y gracias por este escrito!

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    1. Rosa, muy pintoresco tu comentario, me encantó, gracias y besos para vos.

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  32. Hola Navegante, estuve leyendo algunos post, me gusta como escribes, volvera para conocer mas de tus recuerdos
    Un abrazo

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    1. Lapislazuli, bienvenida, ponete comoda.
      Abrazo para vos.

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  33. siempre es bueno leerte para mi alma

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  34. ,

    Hola Navegante! muy buen regreso. Bello audio.

    Saludos.

    .

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  35. El mejor vino, (eso dicen) ...el aquel que al mover la copa deja el rastro de una gomita, como una lágrima resbalando en el blanco cristal.

    Besos

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    1. Puede ser Soledad, no lo se ya que lo del vino es solo un adorno de la historia que conté.
      Gracias por venir, besos para vos.

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  36. Sólo he pasado a ver si habías publicado algo nuevo, de momento veo que no... Bueno en unos días volveré a verte a ver si hay más suerte. Un abrazo.

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    1. Es que me cuesta mucho escribir las largas historias que escribo, ademas son pocas, no queda mucho mas por escribir. Tal vez haya alguna anterior que no hayas leido.
      Gracias por pasarte, abrazo.

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  37. Escribes muy bien. Enhorabuena

    un saludo

    fus

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  38. Agradezco de corazón tu visita, no sabes cuanto agradezco que te gusten mis escritos.

    Un fuerte abrazo con mi cariño siempre.

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    1. Esas cosas no se agradecen, uno lee lo que gusta leer.
      Cariños para vos también.

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  39. Eres muy buen poeta, y que bien describes...

    Una mujer exquisita.

    Un beso.

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    1. Misterio, lo exquisito es tu paso por aquí, un beso para vos.

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  40. Paso a dejarte un cariñoso saludo y a desearte una linda semana.
    Un abrazo.

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  41. Hola Navegante
    que placer leerte nuevamente !!
    Una historia tan bellamente escrita, armoniosa y delicada, con la que lograste darle a las sensaciones un sabor delicioso como el vino degustado, describiendo los deseos y la pasión que te embriagaron.
    Un beso enorme

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    1. Hola Hanna, tanto tiempo, el placer es mio de verte nuevamente por acá.
      Agradezco mucho estés atenta a mis escritos... que son un poco distantes entre si.
      Besos para vos.

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  42. Pasé a saludarte y a decirte que envié un mensaje a tu correo, ojala te llegue

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    1. Me ha llegado, claro, y lo he contestado con gusto.

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  43. Me ha encantado esta historia, deja mucho que reflexionar sobre la confianza que puede surgir entre dos personas desconocidas. Aunque se dialogue con otra persona, en realidad es como si habláramos con nosotros mismos. Aunque parezca contradictorio, te vas conociendo a medida que conoces a la otra persona.

    Un abrazo Navegante!

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  44. Ojalá tuviera yo la mestría de tu pluma para ir describiendo los 'sabores' de tu texto que sentía nítidamente mientras me lo 'bebía'... Si tu analogía con el vino y la mujer ha resultado deliciosa y delicada, créeme que el leerlo ha sido como beberse algo del elixir de la pasión que evocan tus letras. Has logrado un efecto mágico, pura sinestesia para los sentidos y las emociones... Me ha encantado. ¡Tanto pero tanto!

    Te felicito por este texto (bueno, por todos, lo sabes... Pero este lo celebro con un.. ¡salud!! ;)

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    1. Isis, vos tenés tu propia maestría, tal vez va por un lado diferente al mio, yo en cambio carezco de la capacidad analítica que tenes vos y de como desarrollabas tus textos tan profundo.
      Entonces ¡salud! y bienvenida siempre.
      Besos.

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  45. Alguien que anda por ahí25 de abril de 2016, 17:29

    No más historias Navegante?

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    1. Asi dicen las musas que allí se alejan. Mis historias son reales y las mas lindas ya fueron contadas. Sobre este tema más no hay o en todo caso queda muy poco y no creo que sea contado...

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  46. Alguien que anda por ahí28 de abril de 2016, 16:20

    Es una pena observar un barco anclado, pero entiendo el cansancio del Navegante. Sin embargo el escritor deber andar por ahí. Como yo.

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    1. Como ves, luego de un tiempo importante de ausencia, aún sigo en mi puerto, pero tal vez algo más me queda de rumbos por los mares del relato. Tal vez.

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    2. Alguien que anda por ahí10 de junio de 2017, 16:17

      Lo sabía. Siempre habrá mares que navegar e historias que contar, no imagino un marino anclado en su puerto.

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    3. Tu comentario es muy motivador. Puede que el tiempo de anclaje sea extenso, pero se mira el horizonte marino inevitablemente. Es cuestión de esperar el llamado. Gracias por estar.

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  47. Eres muy romántico, escribes para ellas y por ellas, y siempre en el lugar que le corresponde con respecto y mucha delicadeza, realmente me gusto este relato colmado de maduras uvas que hacen al buen vino.
    Abrazo

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    1. Maria del Rosario, quiero agradecer el hecho de recorrer mi sitio espontáneamente, es poca la gente que navega por entradas antiguas.
      Y gracias por todo lo que me decis, lo valoro.
      Abrazo agradecido.

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  48. Hola Navegante…
    Haces de esta historia una apología al vino con aromas de mujer… “me gusta”!!..., es lirico en toda su extensión, y para una hija de la cultura vitivinícola de la denominación de origen Montilla-Moriles, todo un lujo, leerte hoy… Gracias por este deleite…
    Este amor lo comparas con un vino de crianza en roble, y para mí este amor, lo he percibido como un amor de paso, como los vinos jóvenes, frescos, aún en tinaja, que tienen cuerpo prometedor, pero aún por hacer, y su sabor podría ser ligero al paladar, reguardando aún el sabor de la uva sin fermentar, ligeramente dulce, y volátil en la boca…
    Tengo un poema a ese tipo de vino de mi tierra…
    http://amailzar.blogspot.com.es/2012/08/blog-post_1897.html

    Besos

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    1. Jeje querida amiga, veo que tomaste muy en serio lo del vino, me gusta que así sea, pero mi comparación de sabores y aromas no tuvo que ver con el tiempo que duró la relación sino con el sabor y el aroma que dejó mi encuentro concretamente físico con ella, ahi percibí el añejamiento en roble. Y para que se entienda no puedo usar eufemismos, por eso te digo: su intimidad olía así. A tal punto (creo que lo dije durante el relato) que cuando bebo esa misma marca y cepa... me recuerda al aroma y sabor de su intimidad. Y ya mismo publico esto antes de arrepentirme, jaja.
      Besos.
      PD: mañana revisaré el enlace que me dejas. Ah, y gracias por aquel tema que me dedicaste, me encantó.

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    2. Lo entendí, jajajajaja, muy lírica y preciosa, lo que ocurre, es que aunque el lector se sumerja en esa marea de letras y se sienta parte de ella, la experiencia siempre es de quien la tiene, y más en cuestiones amorosas, tan íntimas, aunque suponga un regalo para los sentidos, como en este caso… yo me he guiado por la fugacidad del amor, visto desde fuera… también es un deleite al paladar un buen vino joven, reposado en la boca, dejando que sus aromas te conquisten, te despierten con sus aromas…, recuerda que es vino fresco, que empieza su despertar de primavera, regalándote todo su universo de colores y sabores, con una promesa de ser un reserva de lo más exclusivo… Gracias… Besos

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    3. Tal cual Antoñi, de todas maneras uno quisiera que el lector entienda todo lo que se relata, tal vez ese detalle me quedó afuera, quizás algún día retoque lo escrito.
      Sos buena conocedora de vinos, te envidio porque tu país tiene elaboraciones deliciosas.
      Un beso grandote.

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