Este sitio contiene una serie de relatos sin orden. No es de actualidad y por eso lo anterior es tan válido como lo último. En la columna de la derecha, en la sección "Para leer" están los enlaces a cada texto. Espero les gusten, gracias.

Todos los derechos reservados.
Obras protegidas por copyright.

e-mail:
navegantedelalma@gmail.com

Ocaso de luna


Me persigue un recuerdo. Improviso algunas palabras sobre el papel...
A muchos años de distancia aún no se qué fue lo exactamente vivido, pero lo viví. El universo tiene guardado para cada uno de nosotros algo enigmático, sólo los que acepten que así puede ser tendrán alguna de esas experiencias. En todos los casos no me importa el qué dirán, porque fue intenso y me acercó a una profunda filosofía; primordialmente porque pude comprobar que hubo una persona que con sólo rozar unos minutos mi vida, dejó huella imborrable.

A los veintidós años andaba por las veredas con todas las ganas puestas. El sol de primavera caía por detrás de los edificios y creaba una sombra grata sobre el asfalto; allí me encontraba a la espera de cruzar la gran avenida.
Con el permiso del semáforo me lancé a la búsqueda de la vereda opuesta, hasta las cosas más sencillas son -a esa edad- una aventura por vivir, quien sabe que historias me esperaban del otro lado. Pero es el universo el que manda y esa fracción de tiempo en el que en espiral a veces nos encontramos sumergidos, me condenó a un enigma eterno, dando comienzo a su función antes de llegar a la otra vereda.
En la justa mitad de la calle, a mi izquierda, percibí una presencia muy fuerte, tan fuerte que me sentí obligado a mirar. Y fue, lo que dicen, flechazo a primera vista. Me sonrió, le sonreí, me saludó, la saludé. Y así llegamos al mismo tiempo al otro lado -para el común de la gente la otra vereda; para mí, por lo vivido luego, el otro lado de la vida-.

Su nombre, Miriam. Delgada, pelo rubio trigal, ojos claros, estatura mediana. Un ángel (días más tarde sentiría que este adjetivo era literal).
Le pregunto:
-¿A dónde vas?
-A tomar el colectivo, allí, bajo el puente.
-Te acompaño.
-Dale.
Como se ve, todo un diálogo adulto.
El puente quedaba cruzando las vías del tren y una cuadra más, hacia la izquierda. Nos pusimos en la cola y por el arrebato que me consentía la juventud, con mi brazo envolví su cintura (rocé su ombligo y el último trozo de día se agitó en mi mano).
Me sonrió con tristeza y me dijo:
-¡Qué bueno sería!
-¿Qué cosa?, pregunté sorprendido.
-Una historia con vos, se nota que sos buen tipo, y lindo.
-La estamos empezando ¿por qué no puede darse?
La luna asomó con demasiada rapidez y la noche comenzó su acecho. Y digo bien, ya que su respuesta transformó la primavera en sombras de invierno.
-Me queda poco tiempo de vida, tengo un tumor cerebral.
La miré sin soltarla y dejé en su boca el único beso de esta historia.

Le pedí el número de su teléfono fijo (en aquellos días no existían internet ni celulares). Quedamos en que podía llamarla, pero no me aseguraba un encuentro ya que estaba pasando por un período de mucha debilidad, consideraba este paseo por la ciudad como tal vez el último suyo.
Ni por un minuto consideré un acto de egoísmo de su parte el someterme a semejante angustia, quien sabe que pasa por la mente de una persona condenada así; es como que tiene derecho a lo que sea. Y lo que sea era yo.
En las películas los besos que surgen de circunstancias extremas son ardientes, pasionales hasta la locura; pero en la vida real no siempre ocurre, en este caso ni siquiera se repitió. Cuando llegó el colectivo sus ojos me miraron con destellos de despedida, se soltó de mi brazo con lentitud y su mano deslizó una caricia lánguida sobre mi rostro como no queriendo abandonar su cuerpo de mí.
La vi subir y al mismo tiempo lanzarme su última sonrisa. Retomé mi rumbo, con la luna atardecida desde el otro lado de la calle, indicándome cada paso: última compañía de ese día que creo era de primavera, aunque su recuerdo sea invernal. 


Pasaron unos meses; no me animé a llamarla. Tal vez por el orgullo de no sentirme cobarde finalmente lo hice. Me atiende una voz de mujer mayor.
-Hola- dice, casi inaudible.
-Por favor, quisiera hablar con Miriam.
Y con voz entrecortada y de angustia me contesta:
-Miriam ya no está entre nosotros.
No sé cuánto tiempo más pasó; pero la micro historia se convirtió en anécdota y otro día, como tantos, continué con mis tareas por el barrio, lo común para mí. El camino hasta el lugar donde la había conocido era mi habitual recorrido, a la izquierda dos cuadras de cien metros cada una y a la derecha -por donde me dirigía- el largo paredón perteneciente a un convento. Soledad absoluta de horario no comercial, los coches y el barullo urbano estaban más allá de las vías. Ya había recorrido una cuadra y media dejando muchos metros atrás la puerta del convento cuando de pronto… la vi venir, por la misma vereda en la que yo iba.
-¡Ah!, pensé, así que todo fue una broma, o tal vez la persona que me atendió por teléfono se refería a que ya no vivía en esa casa, o quizás ambas cosas, pero aún estaba viva. Me arrepentí de no haberle preguntado más a aquella mujer.
No me detuve, ella tampoco. La vi bien, de pies a cabeza, hasta en algunos detalles de su ropa; esbozó al pasar junto a mí una sonrisa brillante, de enfermedad nada, me dije. Me dio rabia y por eso no la detuve, pero unos tres o cuatro pasos más adelante, arrepentido, me di vuelta para seguirla y recriminarle algo, aunque no sabía qué. Pero ya no estaba.
Me paralicé, con esa clase de susto que se tiene ante un hecho imposible. La puerta del convento estaba a demasiados metros como para alcanzarla tan rápido, de todas maneras fui a observar: comprobé que estaba cerrada con un candado, no era hora de actividades. Fui aún más allá, para mirar por la bocacalle de enfrente a ver si había doblado, aunque no era factible por la distancia, unos cincuenta metros, no… solo una calle y sus veredas vacías.
Era la siesta, comercios cerrados que apenas devolvían reflejos desde sus vidrieras. Y uno de esos vidrios ofreció mi propia imagen, ahí yo, desconcertado y con una turbación que jamás había sentido.

Mi elección es estar lúcido en todas las circunstancias que la vida me presente, así como lo cuento, ocurrió. Ante la posibilidad de que se haya metido en algún lado analicé hasta el cansancio todas las variantes. Nada.
No se trata de encontrar una explicación, se podrán decir mil cosas sobre este relato, si me decido a contarlo, es por la exclusiva razón que para mí tiene la importancia de aquellas cosas que echan raíz en otro lugar del alma, en este caso el recuerdo de alguien que se instaló en mi pensamiento de manera absolutamente distinta a todo lo que haya vivido.
Durante unos meses dormí mal, pero con el tiempo mi turbación se transformó en energía; historia eterna, sin un final que la estigmatice. El paso de Miriam por mi vida me enriqueció; gracias a ella siento que el mundo es mucho más de lo que veo y que existen muchas más cosas de lo que toco.

De tu boca escapa un ángel y se transforma en ocaso.
Ocaso de luna puesta ahí, sobre la cortina de la tarde;
de tarde delicada como esta cintura tuya
que alguna vez la eternidad diseñó
para que mi brazo tenga su razón de ser.
El último trozo de día se agita en mi mano
y no sé si fuiste ángel o fulgor,
vertiente o átomo de vida.
¡Cuántos rostros tiene la luna
aunque se diga que son sólo dos!
La calle, que es el cauce de las estrellas,
me arrastra en su corriente
y allí, en la garganta del horizonte,
será devorado mi silencio.
Con gemidos nuevos me sumaré al rantifuso coro
de grillos y abejorros para entonar mi gratitud:
ahora soy rico en eternidades, en misterios;
domador de caballos alados, barco y brújula.
De tu boca se escapó un ángel
y me transformó en ocaso.
Ocaso de luna puesta aquí,
sobre la cortina de mi pecho.

Nota: "RANTIFUSO", EN JERGA LUNFARDA DE BUENOS AIRES, SIGNIFICA ERRANTE, VAGABUNDO. Y POR EXTENSIÓN DESGREÑADO, DESPROLIJO.

Milonga del ángel, Astor Piazzolla y Quinteto
video
 

32 comentarios:

  1. Hay seres que pueden cruzar tu vida sólo un instante pero dejan tan profunda su huella que es imposible que no se haga eterna.
    Un beso, Navegante

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es Ame, coincidimos en la visión del tema tan humano.
      Un beso para vos, gracias por pasar.

      Eliminar
  2. Bellísimo, un relato con mucha poesía en el principio, y claro está, magnífico el poema del final.
    Es una de tus historias que más me ha gustado de las que he leído, aunque tu pluma siempre es igual de brillante.
    Un placer y un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Elda, mucho elogio de una muy buena persona.
      Abrazo retribuído.

      Eliminar
  3. Es increíble como un sólo instante una persona deja huella en ti , así es amigo hay gente con esa luz que capaz de transmitir algo que es ajeno a nosotros mismos .
    Los ángeles existen aunque cueste creerlo sólo cuando te pasa algo así es cuando recapacitas en ello.
    Feliz día saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Precioso tu comentario Campirela. Me motiva saber que hay sensibilidades similares entre lector y escritor.
      Feliz dia también para vos.

      Eliminar
  4. Navegante, cada vez estoy más segura de que tú has aparecido en mi vida a través de tu arte y tu sensibilidad en el justo momento en que yo intento ser consciente de más. Cada vez que te leo me gusta más si ello es posible, y cada vez que te siento, como en este relato... es como si lo viviese a su vez.
    Tienes una forma de narrar, recordar y compartir que es mágica.
    Ese ángel llegó a tí por algo, la vida nos pone delante a ángeles y demonios, y en tu caso, eligió al ángel. Fue un regalo, igual que tú compartes regalos con nosotros en cada texto.
    ¡Feliz verano! :D

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Querida Margarita, tus comentarios son tan bellos y motivadores que ya no se como agradecértelos.
      Todo lo que decis es maravilloso, verdaderamente emociona. Eso de que la vida eligió para mí un ángel está entre los más halagador que he recibido. Pero no fue el único regalo, también me ha dado gente que valora lo humano como vos. Y eso no se olvida.
      Soy del sur del mundo, por aquí estamos en un invierno grato, frío pero normal. Espero que por allí estén disfrutando del estío.
      Abrazo grandote.

      Eliminar
  5. A veces, un instante vale un mundo.

    Muy bello relato. Preciosa tu manera de escribir.

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias por pasar por aquí Amalia, otro abrazo.

      Eliminar
  6. Soy amiga de escribir historias fantásticas, pero nunca las viví. Miriam fue un regalo de Dios a tu vida, algo muy fuerte sucedió entre ustedes que la hizo regresar a tu lado, tal vez para fortalecerte y hacerte saber que hay que tener esperanzas y creer en el más allá.

    mariarosa

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es muy bello tu comentario María Rosa. No adopto una postura definitiva, solo sé que hay más de lo que veo.
      Abrazo.

      Eliminar
  7. Nada en esta vida se nos entrega sin alguna oculta razón, incluso, el paso de seres humanos bellos que nos dejarán en el alma un destello de grandeza y luminosidad. Eres privilegiado.

    Un gran abrazo Navegante. Esta historia me conmovió.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Taty, me alegra leer comentarios como el tuyo. Te lo agradezco enormemente.
      Abrazo desde este lado.

      Eliminar
  8. Sin duda es una vivencia maravillosa esta que has tenido. Guárdala para siempre en tu interior y, si así lo quieres, como así lo has hecho, compártela.
    Yo creo que todo en la vida se da por algo, y hay momentos que se quedan para siempre grabados aunque sólo hayan durado un segundo. Pasa con un abrazo, una simple sonrisa o una mirada de un desconodido por la calle. Una señal de empatía. Existen amores fugaces, que aunque se marchen, se quedan para siempre.
    Y seguro que Miriam, allá donde esté, disfrutó de ese momento tantísimo como tú.
    Un saludo y un fuerte abrazo, Navegante.

    ResponderEliminar
  9. Querida colibrí (hummingbird), coincidimos, todo en la vida pasa por algo, hasta los detalles mínimos, que son los que marcan los sutiles cambios de rumbo.
    Ojalá ella lo halla disfrutado también y lo recuerdo, como decís vos... donde esté.
    Abrazo y beso.

    ResponderEliminar
  10. ¡Es increíble pero real!, estas cosas suceden y nos da la pauta de que algo más se mece de nuestro cielo y tierra, y quizás más allá, verdad que escribes de una manera exquisita, el poema me conmovió, todo tu relato me conmovió, Gracias amigo Navegante por todo lo que podemos leer de ti.
    Abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Solo sé que no se nada, dijo alguien hace centurias. Cuento lo que me pasó sin establecer ninguna filosofía. Y agradezco inmensamente tus palabras.
      Abrazo para vos.

      Eliminar
  11. ...Y esos ángeles que se nos cruzan por la vida y nos la cambian por completo,..existen!!...y al parecer por lo que nos cuentas tu lo conociste por unos breves momentos lo viste, y lo viviste,..bonita experiencia, no me pareció triste, mas bien alentadora; ya que la muerte amigo mio, es el camino al que todos vamos mas tarde o mas temprano, es el destino de todos,...me gusto; y me transporto a tus bellos años juveniles,....

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Amiga Janeth, como siempre tu palabra está cargada de humanidad y sabiduría. Agradezco tu amistad perseverante.
      Gracias, muchas.

      Eliminar
  12. Hola Navegante….

    Este relato tuyo, me ha conmovido, será que por creer, no creo en religión alguna, aunque sea por herencia familiar y cultural, católica…, si creo que somos algo más que este cuerpo que ocupamos, y que aquí venimos, con una mordaza puesta en la boca, y una venda en los ojos, jamás podremos decir, de dónde venimos, ni hacía vamos, como que lugar exacto habitamos en el cosmos…, si te puedo decir, que lo que somos no conoce la muerte, solo desahitamos nuestro cuerpo, cuando este, como una casa que amenaza derrumbe, la tenemos que deshabitar, entonces dejamos de ser parte de lo material, para volver a ser lo que realmente somos y que no podemos contar. Si existen más vidas, pues puede que si, nada de lo que se confabule en este mundo se podrá sostener como auténticamente cierto, aunque tengamos experiencias como la que relatas, que escapan de lo explicable, que reconozcamos o no, creo que todos tenemos alguna, y que no se cuenta por miedo a que nos tomen por locos o fantasiosos…, eso que somos, existe al margen del tiempo y el espacio, luego puede que muchas veces, roce nuestras vidas, sin que tengamos constancia de ello…

    Me ha encantado reencontrarte nuevamente, y leerte con el sonido de esta milonga de fondo…, no sabía que habías actualizado… Me gusta sobremanera tu volar lírico del final… Gracias

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Antoñi, tampoco tengo religión alguna, no creo en lo que plantea ningún espacio creyente aunque he nacido católico, pero siempre estuve en rebeldía con sus conceptos. No he establecido con este relato ningún pensamiento filosófico más allá del hecho de reconocer que algo existe y no lo vemos. Solo eso.
      Y, sin creerlo del todo, también yo siento que hay algo más que este pobre cuerpo material que habitamos.
      Gracias por lo tuyo, siempre muy conceptual y participativa.
      Besos también.

      Eliminar
  13. Una historia extraordinariamente bien escrita, dulce, tierna, triste y esperanzadora... Miriam te mira y te sonríe, ella te besa sin duda, donde sea que se encuentre...

    Paz hermano

    Isaac

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estimado Isaac, tus comentarios siempre son muy motivadores.
      Gracias por venir.

      Eliminar
  14. Navegante, hacía tiempo que no visitaba tu blog, me pondré al día, gracias por tu comentario.

    Besos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Se hace como se puede María, no te preocupes, otro beso.

      Eliminar
  15. ...De tu boca se escapó un ángel
    y me transformó en ocaso.
    Ocaso de luna puesta aquí,
    sobre la cortina de mi pecho.


    Que maravilla y Astor, la frutilla del postre.

    Felciitaciones y cariños.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Adriana, por tus palabras y por compartir el gusto por la música de Astor.
      Un abrazo.

      Eliminar
  16. Ahora pienso en todos esos milagros que hemos dejado pasar por miedo, debilidad, inseguridad o apatía... Será que no eran para nosotros...

    Paz&Energía

    Isaac

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Tal vez no debamos plantearnos nada, si ocurre bien, y sino también.
      Saludos.

      Eliminar
  17. Vaya anécdta. Ese preciso momento en donde una pesona irrumpe en nuestras vidas y ya nada es igual.
    Celebro la vida de Miriam, y su paso cerca tuyo. Bendita coincidencia en tu camino.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola Cinthia. Claro que si, toda coincidencia en el camino influye en la vida futura.
      Saludos.

      Eliminar